En Bure (Francia) la lucha contra los residuos nucleares se intensifica

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Desde el 9 de junio, los opositores al cementerio nuclear multiplican las acciones de bloqueo y sabotaje de las obras preparatorias de Cigéo. Andra quiere empezar las obras en un bosque estratégico. La actividad de los opositores demuestra la intensificación de la lucha que ha tenido lugar en los últimos años.
Salvemos el bosque de Mandres, bloqueemos Cigéo” Jueves 9 de junio, son las 5:30h de la mañana, en Bure. Sesenta siluetas se entrevén en un horizonte con niebla en el que el sol del amanecer está apareciendo. Vestidos de trajes blancos, dotados de máscaras, palas, picos, avanzan de frente detrás de una pancarta que proclama “No a las máquinas taladoras en nuestros bosques”. ¿Su objetivo? “Bloquear los trabajos que la Agencia nacional para la gestión de los residuos radioactivos (Andra) ha iniciado en el bosque comunal de Mandres-en-Barrois” explica, entre los manifestantes, Michel Labat, uno de los habitantes de este pueblo situado a apenas 2 kilómetros del laboratorio de investigación de Andra.
 
Este bosque frondoso de aproximadamente 300h hectáreas debería ser arrasado para permitir la construcción, sobre una superficie equivalente, de una de las dos grandes instalaciones de superficie del proyecto de Cigéo, “la zona de los pozos, que ventilarían los 300 kilómetros de galerías almacenadoras de residuos, excavadas 500 metros más abajo”.
Desde mayo, vallas, camiones, excavadoras y vigilantes residen en este territorio que la agencia ha recibido en julio de 2015, y que hasta entonces había sido un bosque comunal. “¡Una jugarreta escandalosa!” exclamaba Anthony Foissy, un joven habitante de Mandres, aclamado durante su primera intervención en público durante los 200.000 pasos el 5 de junio. “¡Mientras que en 2013 rechazamos una primera propuesta de Andra durante una consulta, 2 años y medio más tarde, el consejo municipal ha votado por su cuenta a las 6 de la mañana la cesión del bosque!” Desde entonces, algunos habitantes se han organizado para contestar la decisión y recuperar el bosque: “recursos jurídicos, reuniones públicas, recursos ante el tribunal administrativo, hemos hecho muchas cosas”. Pero a Andra le da igual y ha empezado las obras. Desde principios de junio, la agencia ha llevado a cabo las primeras talas, “probablemente ilegales, casi seguro para  cercar todo el bosque”, asegura Michel Labat.
Para oponerse a esta destrucción, los militantes han impedido, desde las 6 hasta las 10 horas, el comienzo de las obras, instalándose cerca de la plataforma protegida por decenas de vigilantes y gendarmes móviles. Barricadas, trincheras, sabotaje de un remolque y conferencias gesticuladas sobre lo nuclear delante de las fuerzas del orden se han producido en un ambiente festivo.
Numerosos militantes han venido en refuerzo, desde Nancy y otros lados, después del envío de un comunicado de movilización la noche anterior. “No habíamos visto tanta reactivación en Bure desde el bloqueo del debate público en 2013” se alegra Yohann (nombre modificado), un habitual de la Casa de la resistencia al cementerio nuclear. El viernes 10 de junio, 30 personas volvieron para jugar al gato y al ratón con las máquinas y los vigilantes. El sábado 11, un nuevo paseo ha acabado con las vallas de las obras en el suelo. El vigor de los opositores confirma que, desde hace algunos años, la lucha se refuerza en múltiples frentes.

La lucha echa raíces y los encuentros se multiplican
“¡En Mandres, es la primera vez en 20 años de implantación de Andra que las personas se atreven a mostrarse públicamente en contra del proyecto!” se alegraba Michel Labat durante la primera reunión pública en el pueblo en octubre 2015. Las grandes movilizaciones de los últimos años han sido clave: “hemos visto que no estamos solos”. En 2015 y 2016, las marchas populares de los 100.00 y 200.000 pasos organizadas por varias asociaciones han dinamizado grandes manifestaciones de convergencia que han hecho conocer la lucha a otras personas. “Cuando descubrimos el terreno, Andra y Cigéo se convierten en algo concreto” exclamaba Anne, de Haute-Mame, que acudió por primera vez el 5 de junio, señalando, sorprendida, las imponentes concertinas que protegen el laboratorio.
El enraizamiento de militantes en el lugar ha permitido también crear vínculos. Desde 2015, la Casa de la resistencia al cementerio nuclear de Bure, antigua granja agrícola comprada en 2004 por militantes antinucleares, y transformada en base sólida de información y autoorganización, está más viva que nunca. “Hay gente presente en permanencia, mucha de paso, y sobre todo habitantes de las cercanías que se atreven a pasarse, lo cual no ocurría hace algunos años, cuando la casa estaba incluso a veces vacía”, explica Alfred (nombre modificado), un antiguo habitante de la casa, instalado hoy en día en las proximidades.
A 8 kilómetros de Bure, un nuevo espacio organizativo, la “Gare de Luméville” se ha consolidado después de haber acogido el campamento antiautoritario y anticapitalista de agosto de 2015. En esta antigua estación de mercancías en desuso comprada por un grupo de opositores hace 10 años, varios trabajos colectivos han tenido lugar a lo largo de todo el año. En marzo, un gran cobertizo de madera antigua ha sido construido por los ocupantes de la ZAD de Roybon, mientras que el interior de uno de los edificios está siendo progresivamente rehabilitado. Situada al lado del trazado de las vías que deberían servir a los trenes de residuos, “es una nueva base estratégica que muestra que la lucha antinuclear está creciendo en Francia”, comentaba con entusiasmo Fabrizio, militante alemán de la red Anti-atomnet de Tréveris, que vino durante los 200.000 pasos.

El frente campesino: “¡semillas radiantes, y no campos radiactivos!”
Al borde de la estación, los opositores ocupan incluso, para sus cultivos, las tierras concedidas a Andra para construir las vías del tren. Desde abril de 2016 y la “Primavera de las luchas campesinas”, 200 personas “pegaron patatas a Andra” en aproximadamente 500m2 y sembraron de paso una hectárea de cebada y avena para enraizar la resistencia al acaparamiento de más de 3000 hectáreas de tierras por parte de la agencia (2000 ha de bosque, más de 1000 ha de tierras agrícolas) durante los diez últimos años, “con la complicidad de Safer” explicaba Romain Balandier, campesino llegado de Vosges.
Desde los 7 tractores presentes en los 100.000 pasos en junio de 2015, agricultores de la región y sus apoyos se movilizan de nuevo. “Tierras de Bure”, un colectivo informal que reúne campesinos de la región y opositores, se creó en septiembre de 2015 para profundizar sobre la situación de acaparamiento de tierras por parte de Andra y para organizar acciones. El 15 de noviembre, 12 tractores y 200 opositores, con los puños en alto y las horcas en mano, sembraron 1,5 hectáreas de cereales y plantaron árboles frutales a tiro de piedra del laboratorio y gritando “¡semillas radiantes, y no campos radiactivos!”. Protestaban contra el inicio de los trabajos preparatorios en septiembre de 2015 en 300 hectáreas de tierras agrícolas que iban a ser destruidas para la segunda gran instalación de la superficie del proyecto, la “zona de galerías”. Estas tierras, retiradas a los campesinos que tenían derecho de uso por contrato de arrendamiento precario, hoy en día ya no son cultivadas y están invadidas por la maleza. “Pero estas 300ha van a desaparecer, y esto es algo concreto” reflexionaba Julien Robert, 27 años, joven agricultor de Mandres-en-Barrois instalado desde hace 5 meses, venido por primera vez el pasado 5 de junio para alinear su tractor al lado de los otros ocho. “He elegido instalarme, endeudarme, voy a vivir mi vida aquí, con esto aquí al lado, solo puede ser perjudicial. ¿Qué futuro hay para la calidad de nuestros productos? ¿Y qué vida, bajo el polvo de las obras y los riesgos radioactivos?” Muchos agricultores locales no se atreven a oponerse por miedo a la represalias, pero no es su caso. “Andra ya no me da miedo. Al venir aquí, me arriesgo a tener controles sobre mi explotación, lo sé y lo asumo”.

Luchar contra el cementerio nuclear y su mundo
Ocupaciones agrícolas y frente campesino, construcciones colectivas, sabotajes, ataques a las vallas, bloqueos de obras: además de una importante labor jurídica y de sensibilización, las múltiples acciones directas atestiguan una cierta “radicalización” de la contestación. En junio de 2014, Bure 365, una campaña de acciones descentralizadas de un año fue promovida por colectivos locales y cercanos a la ZAD de Notre-Dame-des-Landes. En agosto de 2015, el campamento antiautoritario y anticapitalista VMC permitió la convergencia de miles de personas para “reforzar la lucha local”, pero también para conectarla con otras protestas territoriales, migratorias, etc.
Este año, el 3 y 4 de junio de 2016, en Naix-aux-Forges (20km de Bure) el encuentro “Bure Anticapitalista” convocado por los coros revolucionarios de Nancy y de otros lados proponía “hacer converger de nuevo las luchas”. Entre una charla sobre la revolución de Rojava y otra sobre “¿Cómo luchar?”, Lucie, corista en Sans Nom, testimoniaba: “he venido a Bure por mi lucha contra el capitalismo y sus manifestaciones concretas, y no a la inversa. La lucha contra Cigéo conecta con el combate anticapitalista global y el movimiento social en curso. Ahora más que nunca se plantea la cuestión de la confrontación y de la relación de fuerzas “.
Esta relación de fuerzas que está por construir parece ser tomada en serio por los opositores que llaman, en la urgencia, a una gran concentración el 19 de junio en Mandres-en-Barrois para converger en el bosque amenazado. Picnic, paseo y otras iniciativas para impedir que “Andra construya su agujero” están previstas por los opositores que quieren bloquear los trabajos como bloquearon el debate público en 2013. Después de haber vuelto con fuerza, la lucha contra el cementerio de residuos nucleares no ha estado tan cerca de ser enterrada.
Traducido del francés. Artículo original publicado en reporterre.net