La Pelea sigue estando en el mismo punto

Un fantasma discreto habita, como en todas las ciudades, en Santander. Candados rotos, cizallas en mano, ventanas abiertas, patadas o taladros. Muchas familias y/o personas cubren su necesidad de cobijo ocupando espacios abandonados y/o propiedades de los bancos. Desde San Roque a la Calle Alta. Desde el Cabildo a Polio, Desde Cazoña a la Albericia. Desde Monte hasta San Román.

Una gran campaña mediática, en consecuencia, se lleva desplegando estos últimos años en contra de la ocupación de casas vacías. Desde Antena 3 hasta la Sexta. Desde el País hasta el Diario Montañés. El chivo expiatorio esta vez es la gente que hace negocio de los pisos ocupados. Una práctica que consideramos que hay que combatir porque desvirtúa la ocupación convirtiéndola en otra mercancía. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que poniendo el enfoque mediático en las “mafias ilegales” de la economía sumergida se está ocultando la verdadera problemática de la vivienda. Los bancos, las constructoras, los ayuntamientos y demás agentes especuladores tienen en sus manos el negocio de la construcción, la venta y el alquiler. Veamos cuales son las consecuencias de ello.

En el caso de Santander, la pérdida de población (más de 10.000 habitantes en los últimos 8 años) contrasta con la infinidad de bloques de pisos que se levantan en la periferia santanderina, las amenazas de expropiación y derribo de hogares para construcción de viviendas de protección oficial y la actividad inmobiliaria. La construcción de viviendas no atiende a la necesidad de hogares.

Por otro lado, las mayoría de las más o menos 40.000 casas vacías que existen en Cantabria, se encuentran en Santander. Casas abandonadas, pisos a medio constuir de entidades bancarias y segundas residencias para especular en un centro urbano entregado al turismo que viene.

Bastaría esto para entender como legítima la ocupación. Una práctica que se suele llevar a cabo por motivos políticos o por supervivencia, o a veces por ambas razones. Si la okupación (con K) suele vincularse a movimientos sociales y grupos anticapitalistas, la ocupación (con C) es más mayoritaria y discreta en nuestra localidad y se basa simple y llanamente en ocupar para satisfacer una necesidad de alojamiento y vivienda sin delegar en ninguna institución. De la primera tenemos ejemplos en el pasado. En Santander, hacia finales de 1994, una asamblea de okupas entró en el abandonado cuartel de la policía armada. Este proyecto conocido como “la casuca” fue desalojado, no sin resistencia, y dicho colectivo se trasladó a okupar tres chalets en la zona Cueto-Valdenoja. Ahora, muy cerca de allí, en monte, el CSO la lechuza resiste desde hace más de cuatro años. En Torrelavega también hubo una corta experiencia de centro social llamada el Apeaderu, desalojado en marzo de 2008. Ahora un solar abandonado de la calle Argumosa, recuperado en 201X y bautizado como Espacio Argumosa, es actualmente testigo de diversas actividades lúdicas y sociales

Pero la verdad es que esta separación es falsa y se alimenta mediáticamente, ya que ambas maneras son un asunto político. Una práctica histórica de pobres y rebeldes en donde las fronteras entre unos y otros están continuamente cruzándose. A pequeña escala esto es lo que sucede en esta ciudad, pero queremos resaltar algunos ejemplos de luchas por la vivienda en donde la necesidad y la militancia se encuentran. La comunidad Esperanza de Gran Canaria, cuatro bloques de pisos ocupados en donde viven unas 200 personas, de las cuáles muchos son niños y donde la vida cotidiana pasa a ser un acto de resistencia. Desde 2011 en Turín, la actividad anarquista contra los desahucios ha llevado a cabo una lucha social en donde la alternativa es impedir los desahucios mediante barricadas, o la ocupación de inmuebles abandonados sin negociación alguna frente a la posibilidad de que las familias se queden en la calle. En Seattle una red de apoyo mutuo entre trabajadores e inquilinos acude en grupo a hacer concentraciones en casa de los arrendatarios de los pisos para denunciar colectivamente cualquier abuso cometido. En Madrid y en Bilbao existen pequeñas iniciativas, “oficinas de okupación”, donde se da asesoramiento a personas que quieren y/o necesitan buscar un techo y se ven un poco perdidas. Estos lugares comparten el conocimiento para extender la práctica. Son sólo unos pocos ejemplos donde la ocupación es más que allanar cuatro paredes.

El pasado 24 de abril el congreso aprueba la ley para acelerar el desalojo de okupas de casas de particulares, locales con fines sociales (ONG) y edificios públicos. Santander, la ciudad del norte con mayor exclusión social, con casi un 30% de su población en riesgo de pobreza no va a salvarse de la práctica de la okupación gracias a esta medida. Eso sí, esta ley supone ampliar la cultura punitiva y ganar votos de cara a las elecciones. Pero la ofensiva contra la okupación se amplia con matones contratados por grandes propietarios y bancos para que saquenpor la fuerza a la gente. Cuestión ahora legalizada con empresas como Desokupa, que opera en toda la península.

En conclusión. Si vives en Cantabria y quieres ocupar un espacio abandonado, puedes saber que no te vas a encontrar con monstruos sucios, ni con mafiosos peligrosos. Puede que los okupas sean argelinos, españoles, colombianos o gitanos, pero es irrelevante, por mucho que los titulares racistas y xenófobos se empeñen en resaltarlo. También puedes saber que por mucho que te sepas la legalidad y los derechos vigentes, cosa que puede venirte muy bien en cualquier momento, nada te garantiza que se aplique con todas las de la ley. La policía amenaza, chantajea, se cuela en las casas sin orden judicial alguna, hace fotos... se salta su propia normativa legal y los procesos de desalojo pueden ser muy diferentes en cada caso. Podrás encontrarte con personas que quieren hacer negocio y extorsionar a costa de facilitarte la entrada en una casa, pero fácil es llegar a entender que este es el eslabón más bajo de una cadena liderada por entidades bancarias, ayuntamiento, inmobiliarias, constructoras, narcos y medios de comunicación que preparan todo el terreno para gentrificar; subir el precio de los alquileres, echar a personas con rentas bajas de sus hogares de toda la vida, impedir reformar sus deterioradas viviendas para justificar su futuro derribo, abrir negocios para turistas, y sacar tajada de cada remodelación urbanística. Pero también puedes encontrar otros aspectos positivos como el apoyo mutuo, la convivencia y el vivir sin poner precio a tu vida.

Cantabria es la región del estado donde más desahucios ha habido en los últimos años por impago de alquiler. Los desahucios no sólo se producen por ejecuciones hipotecarias. La problemática se extiende. Problema social en cuyo seno, la okupación no es simplemente una salida individual, sino una apuesta política y colectiva en tiempos de política criminal por el mercado-estado, y de debilitamiento del tejido social activista, como la PAH, por factores como los gobiernos del cambio y las esperanzas en la política parlamentaria, que en nuestra opinión sólo pueden prometer, pero no emancipar. Es por ello, que como en 1994, cuando un grupo de jóvenes se organizaron para ocupar un espacio en desuso y darle vida en Santander, la pelea sigue estando en el mismo punto: crear lazos y satisfacer nuestras necesidades sin delegar en nadie que no seamos nosotros mismos.