Apuntes contra el mundo smart, contra la no vida

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Introducción de los apuntes:

El término “smart city” tiene sin duda un definición coyuntural, es un término “comodín” como lo han sido otros términos, por ejemplo la interculturalidad o la sostenibilidad. Sin embargo, que tenga un uso de velo ideológico o de cortina de humo no nos ha de impedir ver otras implicaciones. El término es dificlmente separable de otros como “internet de las cosas” o “bigdata”… aunque los “expertos” pretenden diferenciarlos totalmente. Ponerle un nombre a algo no es un acto neutro, el uso de las palabras tiene muchas más implicaciones de las que se pretenden y se relaciona muy directamente con el ejercicio del poder.

 

De hecho, lo que se esconde detrás de las “Smart city” no es nada diferente sustancialmente de la “vieja dominación”, sólo que ahora con instrumentos mucho más eficaces y potentes a su disposición. A la hora de hablar de Smart city no hay que perder de vista esto, el núcleo duro, lo importante, no es la cobertura tecnológica, sino la dominación de las corporaciones y los estados sobre las personas, los animales y el mundo.

 

La Smart city supone una tecnificación del viejo control social: en lugar de estar controlados por los chafarderos y los confidentes del barrio (los sensores) lo estamos por sensores (chafarderos y confidentes).

 

El que lo diferencia de los antiguos métodos es su extensión, profundidad y magnitud de sus bases de datos, así como la velocidad de proceso, la capacidad de almacenamiento, la rebaja brutal de los costes de todo este control y, finalmente, la posibilidad, cada vez más extendida, de control en tiempo real

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