Entrevista a La Escalera: La vida es un problema común, ¿lo resolvemos en comunidad?

Entrevistamos a La Escalera, un nuevo proyecto madrileño que trata de romper el aislamiento en nuestras comunidades de vecinas/os a través de algo muy sencillo: el apoyo mutuo entre iguales.

Para empezar a conocernos, ¿Qué es La Escalera?

La Escalera es un proyecto que funciona como herramienta para facilitar el encuentro y las relaciones de apoyo mutuo en la comunidad de vecinos. La escalera, el rellano, es un contexto cotidiano en el que nos detenemos poco a la hora de imaginar formas de abordar colectivamente los cuidados, en el diseño de políticas de participación o cuando pensamos cómo hacer de nuestros barrios y ciudades entornos más habitables. Además, la de vecinos es una comunidad que está ahí de por sí: por mucho que apresures el paso para subir sola en el ascensor, vives en un espacio común. Es también un tipo de comunidad que no está formada por criterios de afinidad –nadie elige a sus vecinos–, circunstancia que garantiza una cierta diversidad. Si ya tenemos ahí esa comunidad diversa que comparte entorno cotidiano –exista o no identidad común e independientemente del grado de organización interna que tenga–, parece lógico imaginar y trabajar desde ella.

La Escalera arranca cuando una persona que se ha cruzado con el proyecto nos invita a visitar su edificio y poner en marcha la propuesta. Nosotras llevamos el cartel y las pegatinas y colocamos el material con nuestra o nuestro cómplice en esa comunidad, que será la primera persona que ponga pegatinas en su buzón. A partir de ahí, nos ayuda a realizar un seguimiento del desarrollo de la propuesta en su portal que nos permite darle el acompañamiento y asesoramiento necesarios. Esperamos un tiempo prudencial para que más vecinos se incorporen a la dinámica, a través del juego de las pegatinas –suelen sumarse una media de cinco personas más–, y a partir de ahí vamos adaptándonos a lo que ocurra en cada caso.

Hay comunidades en las que varios vecinos y vecinas han creado un grupo de WhatsAp, otras en los que se han sacado al perro y otras en las que, aunque hay muchos buzones con pegatinas, no sabemos de ninguna interacción personal. Las situaciones de las que partimos son también muy diferentes: hay participantes que se han sumado a la iniciativa porque se acaban de mudar y ven en La Escalera una oportunidad para conocer a sus vecinos, pero también hay quien se ha unido porque su edificio está casi tomado por el alquiler turístico y lo que quiere es abordar esa situación, en común, con las otras tres o cuatro viviendas no turísticas que aún quedan.

Entre las iniciativas propuestas, nos encontramos con subir la compra, invitar a un café o regar las plantas. Más allá del evidente sentido práctico de esas acciones, ¿qué se busca con esa iniciativa?

Estas pegatinas no están pensadas para provocar un intercambio inmediato, para eso habría sido más útil tirar de necesidades muy concretas como ‘Necesito taladro’, ‘Necesito escalera de mano’ o ‘Necesito que me recojan un paquete’. Es posible que ese planteamiento hubiera provocado interacciones vecinales más rápidas, pero creo que habría situado la propuesta en un paradigma de intercambio de favores del que, de hecho, personalmente quería huir. Las pegatinas están elegidas por el espacio que abren, las realidades que evocan. El café, por ejemplo, viene precisamente a romper ese planteamiento de intercambio. Las bolsas de la compra hablan de situaciones de vulnerabilidad. Además, hay pegatinas en blanco para que cada cual escriba lo que quiera, la idea era también animar a esa tarea.

Creemos que La Escalera puede fomentar la corresponsabilidad con el entorno y con las vidas de quienes lo habitan, y contamos con que si nuestras comunidades se cuidan y organizan es mucho más lo que pueden hacer, también del portal para fuera. La dinámica de las pegatinas funciona como excusa, como desencadenante, y aporta una nota lúdica de color que creemos que ha sido clave en su acogida.

En un momento en el que se tiende a mercantilizar cualquier relación vecinal (pasear al perro, limpiar la escalera, etc.) y hay infinidad de aplicaciones para resolver problemas a golpe de clic, ¿por qué apostar por resolver los problemas en comunidad?”

Aunque el punto de partida de La Escalera sea usar las pegatinas para «compartir con tus vecinos lo que necesitas o lo que ofreces», como dice el cartel, creo que lo que moviliza La Escalera es más bien un anhelo, a veces nostálgico, de relaciones más cercanas en nuestro entorno más próximo. Quiero decir: me parece que si La Escalera fuera un producto, sus competidores no serían las aplicaciones de intercambio de bienes y servicios en el barrio.

Las pegatinas y las dinámicas que plantean vuelven a ser una excusa, esta vez para hablar de otra idea de comunidad, y creo que es esa otra idea de comunidad la que despierta interés y anima a participar, no la posibilidad de pedirle el taladro a la vecina. Sabemos que lleváis poco tiempo con el proyecto, pero ¿cómo valoráis los primeros pasos? ¿qué acogida está teniendo La Escalera?

El proyecto iba a durar siete meses, y va a por el noveno. Hasta el momento se ha desarrollado con el apoyo de la cooperativa Indaga y Medialab-Prado, y ha recibido financiación del Área de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Madrid.

Esta primera experiencia piloto de La Escalera nos ha permitido trabajar con treinta comunidades en Madrid. Cuando hicimos público el proyecto, el 24 de noviembre del año pasado, nuestro objetivo era conseguir poner en marcha la propuesta en cinco comunidades, así que estamos contentísimas y desbordadísimas. No contábamos con esta acogida, pero viendo cómo están respondiendo vecinas y vecinos, instituciones públicas, colectivos y otras entidades, lo que nos sale es mantener abierto el proceso en esas treinta comunidades –como no podría ser de otra manera, porque La Escalera no es nuestra–, y preparar una segunda fase.

Se nos ocurre que uno de los problemas que podrían darse es que derive hacia una forma de intercambio de servicios, “te presto la clave del wifi si me bajas la basura” ¿Os está ocurriendo? ¿tenéis previsto cómo evitarlo?

La verdad es que no ha pasado nada parecido. Creo que el hecho de tener tan presente, en todas las fases de diseño y desarrollo del proyecto, que lo que está en el centro de La Escalera es la interdependencia, no el intercambio, está funcionando. Si ocurre, lo trataremos con el vecino o grupo de vecinos que haya puesto en marcha la iniciativa en su portal, pero esa situación sería contraria a los planteamientos de La Escalera.

www.proyectolaescalera.org