Conversación con algunos integrantes de EDUP

1. ¿Qué era EDUP y en qué contexto surgió?

Son las siglas de Estudiantes por la Defensa de la Educación Pública. Fue una organización estudiantil que surgió en diciembre de 2011 y que fue conformada inicialmente por una serie de personas preocupadas por la llegada del nuevo gobierno del Partido Popular y los recortes que se avecinaban. Nuestro objetivo principal fue la lucha contra la Estrategia Universidad 2015, un plan que aceleraba el proceso de privatización de las universidades españolas. El colectivo se disolvió en 2014.

Fueron las juventudes del PCPE (Partido Comunista de los Pueblos de España) las que impulsaron la creación de EDUP. Aunque lo cierto es que no querían montar un grupo comunista en la Universidad sino que aspiraban a crear una organización más amplia y abierta a gente con otras ideas. Una especie de sindicato que defendiera los intereses de los estudiantes contra la que estaba cayendo. Al final el colectivo se convirtió en algo bastante distinto a la idea inicial. Y es que también se unieron algunos estudiantes que habían estado participando más o menos activamente en las movilizaciones del 15M y que tenían ganas de hacer algo en la Universidad.

Para entender las transformaciones que experimentó EDUP hay que recordar el contexto en el que nace. La victoria del Partido Popular coincidió con la etapa más dura de la crisis económica iniciada en 2008 y vino acompañada de fuertes recortes, privatizaciones y otras medidas derivadas de la crisis. Por otro lado, fue una época de fuertes protestas surgidas a raíz del 15M y del descontento generalizado que había en la sociedad en aquellos momentos. En 2012 se produjeron dos huelgas generales y cada pocos meses había huelgas estudiantiles y educativas a nivel estatal. Una oleada de protestas que se prolongó hasta el año 2015.

En cuanto a la Universidad, además de verse afectada por los recortes de presupuestos, también conoció una fuerte subida de las tasas académicas. Eso provocaba que un estudiante pudiera ver multiplicado por dos el coste de su matrícula de un año para otro. De todos modos, el incremento del precio de las matrículas era un proceso que se venía dando desde el Plan Bolonia, que era previo a la crisis. En ese sentido, podría decirse que EDUP fue heredera de las protestas estudiantiles contra Bolonia. Aunque en la Universidad de Cantabria hacía tiempo que no había habido un colectivo estudiantil con un mínimo de fuerza y capacidad de influir. En ese sentido, EDUP aportó un soplo de aire fresco.

2. ¿Cuáles fueron las aportaciones de EDUP a la lucha estudiantil?

Una de los aspectos interesantes de EDUP es que las decisiones salían directamente de las personas que formaban la asamblea. Las decisiones eran comunes y se funcionaba de forma horizontal, a veces hasta demasiado (risas). Una forma de funcionar que bebía claramente del movimiento 15M.

Y aunque éramos pocos, dimos bastante guerra. No permanecimos pasivos ante lo que estaba pasando, y a pesar de no tener mucha influencia conseguimos hacernos ver. En su punto álgido EDUP llegó a contar con unas veinte personas, de las cuales quizás unas diez participaban activamente. Eso no nos impedía convocar acciones y manifestaciones, a las que se sumaban otros colectivos y en las cuales conseguíamos juntar a bastante gente. Aunque el factor numérico conllevó que nuestras acciones se caracterizasen más por la visibilidad y lo simbólico que por su calado real. Al final priorizábamos en demostrar a la gente que existíamos y que estábamos allí, independientemente de que con ello consiguiéramos cambiar algo o no. Muchas veces nos frustrábamos por el tema de que fuéramos pocos. La visibilidad de las acciones nos traía la esperanza de que íbamos a ser cada vez más y más, cosa que no sucedió (risas).

3. ¿Qué tipo de acciones realizabais?

No hacíamos nada del otro mundo, nada muy original. Íbamos muy a remolque de lo que sucedía en esos momentos. ¿Mañana hay mani? Vamos a prepararla. ¿La semana que viene hay huelga? Vamos a por ella. Además de acudir a todas las manifestaciones, con nuestras pancartas, banderas y nuestros lemas, hacíamos asambleas callejeras para que se unieran otros estudiantes. Los días de huelga organizábamos piquetes temprano por la mañana en los que íbamos de facultad en facultad, de clase en clase, tirando petardos, gritando… en fin, molestando. Parábamos las clases y escribíamos mensajes en las pizarras. La idea era transmitir un poco “estamos en huelga y vamos a mostrarlo y explicar por qué la hacemos”. A pesar de ello eran unas huelgas súper pacíficas, aunque generaban algunas tensiones, con algún profesor, con algún segurata… También era importante para nosotros la agitación en la calle mediante la pegada de carteles y pancartas y la realización de pintadas en la Universidad.

Intentábamos participar en la vida de la Universidad, implicarnos en los asuntos importantes. Eso llevó a que algunos se animasen a participar en las elecciones. Aunque no nos presentábamos como EDUP, ya que no todos estábamos de acuerdo en presentarnos. Eso llevó a que algunos miembros del colectivo estuviesen en las delegaciones de algunas facultades, aunque sobre todo en la de Historia.

Una de nuestras acciones más sonadas fue el encierro (durante unas pocas horas) en el edificio de Consejería. Lo preparamos todo para que justo en el momento del cierre se colgase una pancarta enorme por las ventanas que dan a la Calle Vargas. Fue una acción que salió bastante bien y que marcó que mucha gente pensara que íbamos en serio, aunque luego no fuese tan cierto.

Más adelante empezamos con los llamados escraches. A imitación de los que estaban realizando las plataformas antidesahucios en esos momentos, decidimos que cada vez que viniera un político a la Universidad nos organizásemos para protestar por su presencia. La primera vez fue contra de De la Serna. Aunque éramos cuatro gatos, nos pusimos a gritar con una pancarta provocando que el alcalde prefiriese volver a marcharse en su coche antes que a inaugurar un acto que organizaban en la Facultad de Derecho. El segundo salió un poco peor, porque fue contra Ignacio Diego, que acabó en el caso represivo de Preguntar No es Delito que todos conocemos… El caso nos afectó mucho, aunque intentamos disimularlo con un tercer escrache contra Miguel Ángel Revilla que fue un poco desastre (risas).

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4. ¿Qué relación teníais con el resto de la comunidad universitaria, alumnos, profesores, personal administrativo, otros colectivos en lucha, delegaciones, etc.?

Excepto en los momentos de tensión durante las huelgas, en los que la gente se enfadaba un poco, el trato era bastante tranquilo. A decir verdad la relación era casi nula y había más indiferencia hacia nosotros que otra cosa. No se enteraban muy bien de lo que hacíamos o pasaban, aunque, por otro lado, también despertábamos las simpatías de algunos estudiantes e incluso profesores. A veces organizábamos charlas y los profesores, sobre todo los de la Facultad de Historia, estaban encantados de participar.

No había mucha gente que nos odiara a muerte, a excepción del Consejo de Estudiantes (risas). El CEUC estaba muy controlado por una serie de personas que tenían sus chanchullos y negocios en la Universidad y nosotros les metíamos bastante caña, así que es comprensible que las relaciones fuesen algo hostiles.

Durante los dos primeros años estuvimos integrados en dos plataformas. La primera fue UP Cantabria, que agrupaba a EDUP, CAJUCA (cercana a las juventudes socialistas), el COLEST (el Colectivo de Estudiantes, que tenía presencia sobre todo en los Institutos), Reguelta y algunas delegaciones, como la de Educación. No tuvo mucho recorrido, porque no nos entendíamos muy bien, sobre todo con CAJUCA. Cuando ese proceso se rompió, se formó una segunda plataforma junto con Reguelta y el COLEST, que se denominó Coordinadora de Lucha Estudiantil (CLE). Con estas dos últimas organizaciones la relación era cordial y cercana a veces. Nos complementábamos bastante bien porque cada grupo hacíamos y dejábamos hacer a nuestra manera, y al mismo tiempo coincidíamos muchas veces a la hora de organizar acciones o bloques conjuntos en las manifestaciones.

Más adelante las cosas cambiaron. Los del COLEST estaban más metidos en lo institucional y priorizaban sus intereses a conformar una lucha común, mientras que Reguelta estaba más de capa caída. Además, el contexto social iba apagándose en cuanto a las movilizaciones callejeras, por lo que surgían menos ocasiones para hacer cosas juntos. Aunque teníamos nuestras diferencias ideológicas, no surgían grandes debates de ideas entre nosotros. Simplemente nos juntábamos para ser más en una mani.

 

5. Pero entonces, ¿Todos luchabais realmente por la educación pública?

Era más o menos lo que nos unía a todos, defender lo que había frente a las amenazas del gobierno. Pero nunca tuvimos muy claro lo que nos definía realmente. Algunas personas tiraban más al comunismo mientras que otras eran más sensibles hacia las ideas anarquistas, y otras simplemente estaban en EDUP porque querían mostrar su rechazo a las políticas del gobierno. No era tanto una defensa en positivo de la educación pública, sino la intención común de paralizar la privatización de la Universidad y los planes de recortes. No teníamos una definición clara de la educación pública. Tampoco creamos un espacio en el que crear y repensar un sistema educativo nuevo, sino que nos limitamos a una actitud defensiva. Y es que realmente ante tanta inmediatez no teníamos tiempo para un debate ideológico entre nosotros y con las otras organizaciones.

Sin embargo, coincidiendo con el apagamiento de la calle, surgió una etapa en la que sí que se produjo más debate interno. En ese momento nos dedicamos más a llevar a cabo una actividad cultural. Hubo tiempo para el debate y se intentó además, aunque fuese difícil profundizar entre gente tan diversa. Hay que entender también que para muchos de nosotros EDUP fue un momento de politizarnos, de entrar en contacto con ideas y prácticas que eran nuevas para nosotros.

6. ¿Y qué relación teníais con otras luchas o colectivos no relacionados directamente con el ámbito educativo/estudiantil?

En general éramos gente que ya participábamos en otras luchas o militábamos en otras organizaciones. Intentamos además establecer vínculos entre nuestra lucha con otras, como por ejemplo como fuimos a la Facultad de Medicina intentando relacionar los recortes en la Sanidad con los de la Educación. También participábamos en las movilizaciones obreras, como en las huelgas generales de 2012. Considerábamos que pertenecíamos a la misma clase y le dábamos importancia a la lucha de clases. Además, EDUP entró en la plataforma Cantabria No Se Vende (CNSV), donde entramos en contacto con algunas otras luchas importantes de ese periodo, como la lucha contra el fracking. Y el hecho de que CNSV eligiera, en los años en los que estuvimos dentro, que uno de los principales temas en los que centrar los esfuerzos de lucha fuese la educación, supuso bastante apoyo para nosotros.

7. ¿Cómo afectó la represión a EDUP? ¿Qué significó el caso de Preguntar No Es Delito para vosotros, que habíais convocado la acción que dio lugar a las posteriores imputaciones?

Fue una convocatoria de EDUP, como hemos comentado antes, y por tanto las consecuencias nos dolieron a todos. Y aunque poco después el colectivo dejase de existir creemos que todos desde nuestros ámbitos hicimos lo posible para que esta situación acabara bien. Estábamos comprometidos con el caso porque era un golpe también para nosotros. También nos sirvió para darnos cuenta de que la represión podía venir por cualquier lado.

Pero Preguntar No es Delito no fue el único caso represivo. Nos tocó vivir otras situaciones no tan mediáticas pero que también hay que recordar. Por ejemplo, las multas a los estudiantes que le gritaron al Ministro de Educación Wert, cuando los seguratas no nos dejaban entrar en nuestra propia Universidad o el día de la ocupación de la Consejería que comentábamos antes. La policía subió y nos dijo claramente que nos íbamos por las buenas o que ellos se encargaban de bajarnos por las malas. También por unas pintadas nos llevaron a juicio y al principio nos pedían 10.000 euros de multa, porque nos acusaron de haber hecho otras muchas pintadas que había por ahí. En su momento pensamos que se debió a la manía que nos tenían desde el rectorado. Al final la multa se rebajó y el apoyo que tuvimos fue bastante fuerte. Recaudamos bastante pasta para pagar las multas. Lo mismo pasó con Preguntar No es Delito, que la respuesta fue muy fuerte y se ha mantenido hasta el final, como hemos visto este año.

Preguntar No es Delito fue también un caso representativo de la época en la que estábamos entrando. El ciclo de movilizaciones 2011-2014 se le estaba yendo de las manos al Gobierno, con sucesos como los disturbios de Gamonal. Protesta que, por cierto, tuvo repercusión aquí en Santander, ya que se convocó una concentración que derivó en una manifestación improvisada que cortó la carretera que iba hacia las obras del Centro Botín y que acabó con las vallas de las obras zarandeadas y golpeadas. Allí estábamos algunos de EDUP. Había un ambiente generalizado de descontento y de querer mostrarlo en la calle, de ahí la respuesta de los jueces y políticos de empezar a reprimir a todo aquel que se moviese. De hecho no creo que fuese casualidad que en Preguntar No es Delito se imputara a todas las cabezas visibles de los distintos colectivos para enmarronarlos a todos durante años. Y a pesar de todo el apoyo que recibieron los imputados, a partir de entonces la cosa empezó a decaer. Algo que pasó en general en todo el Estado.

8. ¿Y qué pasó después de EDUP?

Había un montón de tensiones en el colectivo porque la gente del PCPE quería montar un sindicato por su cuenta y enseguida algunos vimos que no íbamos a cuajar en una organización que iba a ser propiamente del partido. Nos separamos. Por un lado estaban los que se marcharon al Frente de Estudiantes (sindicato comunista) y los que quedamos montamos La Mecha. El objetivo pasó a ser impulsar la conciencia anticapitalista en el entorno estudiantil. La etapa de la Mecha duró casi un año y fue bastante interesante. Nos centramos en hacer actividades más reflexivas como clubs de lectura, proyecciones, debates y cosas por el estilo, sobre temas no necesariamente relacionados con la educación. Pero creo que la sensación en general fue de fracaso. Teníamos acumulada mucha decepción de la etapa anterior y no sabíamos muy bien hacia dónde queríamos ir. También es cierto que la mayoría de nosotros estábamos acabando los estudios y eso condicionaba nuestro futuro como colectivo.

9. ¿Qué aprendizaje sacáis de vuestra experiencia en esta militancia estudiantil? ¿Qué le diríais a aquellos que hoy están en la universidad y tienen inquietud en organizarse?

Pues que hay que tener claro lo que quieres hacer, marcarte unos objetivos e ir a por ellos. Una de nuestras debilidades fue no tener claro esto. También hay que asumir que las organizaciones mueren. Sobre todo en luchas de este tipo. Si cumples los objetivos, puedes estar tranquilo y no querer alargar la agonía. Si no los cumples, sigues intentándolo y si no puedes hacerlo, te planteas un cambio.

A nivel personal para algunos de nosotros fue la ostia, porque sirvió para politizarnos y entrar en contacto con un montón de ideas. A nivel colectivo en cambio la experiencia fue más bien negativa, porque las metas no fueron cubiertas. No paramos las subidas de tasas, ni los recortes… Aunque era algo que no dependía solo de nosotros, desde luego, sino del conjunto del movimiento estudiantil. Pero por lo menos hicimos algo, no nos callamos como lo hizo la mayoría de los estudiantes.

Otra lección a sacar es la necesidad de atender al intercambio generacional y el relevo militante. Y es que fuimos muy homogéneos en ese aspecto. Casi todos del mismo curso. Igual éramos un grupo muy cerrado. Es muy fácil entrar en esa dinámica en la que tu grupo de lucha se convierte en tu grupo de colegas, de tal manera que es difícil que entren más personas. Pero por otro lado eso también aporta cosas muy bonitas.

Para algunos lo que hacíamos nos divertía mucho y nos animaba a mantenernos activos en la lucha. Cuesta entender cómo se puede pasar por la Universidad sin compartir inquietudes con los demás y sin que se te despierte el sentido crítico. Lo contrario tiene que ser muy aburrido. Aunque esto fue quizás también uno de nuestros errores, porque la militancia no tiene porque implicar pasártelo bien, y creo que nosotros nos lo pasábamos demasiado bien. Pero también es algo necesario para alimentar el seguir haciendo cosas. Quizás era inevitable.

Es difícil que esto ocurra, pero sería genial poder tener la oportunidad de pasar nuestro aprendizaje a la gente que comienza ahora, transmitir todo aquello que fuimos y no fuimos capaces de hacer.